Atención primaria: el suministro que nadie mira

Los centros de atención primaria dependen del suministro tanto como un hospital, pero casi nunca se organiza. Qué se pierde y cómo recuperarlo.

Cuando se habla de logística sanitaria, casi siempre se piensa en el hospital. Pero cada centro de salud y cada consultorio también necesitan material para trabajar cada mañana, y ahí el suministro suele organizarse por costumbre, no por diseño. Es el suministro que nadie mira, y por eso se pierde tiempo y dinero sin que nadie lo vea.

Muchos puntos pequeños, poca visibilidad

El problema de la atención primaria no es el volumen, sino la dispersión. Un área de salud puede tener decenas de centros y consultorios, cada uno con su propio armario, sus propios pedidos y su propia forma de contar. El almacén que los abastece rara vez sabe qué hay en cada punto, y cada punto rara vez sabe qué hay en el de al lado. De ese reparto sin visibilidad salen situaciones que cualquier centro reconoce:

  • Pedidos por costumbre. Se pide lo de siempre, o un poco más por si acaso, y no lo que se ha consumido.
  • Material que caduca en un armario. En un consultorio pequeño, un producto de poco uso puede pasar meses sin que nadie lo mire.
  • Faltas inesperadas. El material se acaba justo antes de una consulta y hay que pedir con urgencia o pedir prestado a otro centro.
  • Tiempo de enfermería dedicado a contar y a pedir. Un tiempo que no se dedica a los pacientes y que nadie ha medido.

Por qué se descuida

Hay tres razones. Cada centro maneja cantidades pequeñas y parece que no merece la pena organizarlo. El gasto está repartido entre muchos puntos y no se ve en ningún informe. Y las herramientas pensadas para un hospital no encajan con un centro de salud, que no tiene un almacén propio ni un equipo de logística.

Pero la suma cuenta. Lo que en un centro es un detalle, en un área de salud entera es un volumen considerable de compras, caducidades y horas.

Qué cambia la situación

No hace falta una solución pesada. Hacen falta cuatro decisiones:

  1. Un nivel de material acordado para cada centro, según lo que realmente consume y revisado de forma periódica.
  2. Reposición según el consumo, para que se pida lo que se ha usado y no lo de siempre. Un sistema Kanban sencillo basta para empezar.
  3. Una visión compartida entre el almacén y los centros, para saber qué hay y qué se mueve en toda el área.
  4. Un modelo de reparto pensado para primaria, con rutas y frecuencias ajustadas al consumo de cada punto y no iguales para todos.

La plataforma da visibilidad por sí sola; su valor completo llega al integrarse con los sistemas de la organización, con un alcance que se define en cada proyecto.

Empezar por una zona

Tampoco aquí hace falta cambiar toda el área de una vez. Un buen punto de partida es un grupo de centros que comparten almacén o ruta de reparto. Se mide durante unas semanas cuánto material se consume, cuánto se pierde por caducidad y cuánto tiempo se dedica a pedir y a contar. Con esos datos, la discusión sobre el modelo de suministro se apoya en hechos y no en impresiones.

Tres preguntas para empezar

  1. ¿Sabe el almacén del área qué hay hoy en cada centro, sin llamar por teléfono?
  2. ¿Cuánto material caducó sin usarse en los consultorios durante el último año?
  3. ¿Las rutas y las frecuencias de reparto se han revisado desde que se definieron?

Si alguna respuesta es «no lo sé», ahí hay un primer trabajo con valor medible.

Para ver cómo se organiza este enfoque, consulte la solución Logística hospitalaria, que incluye el diseño del modelo de suministro, y Kanban y doble cajón. Para entender por qué se producen las faltas y los excedentes a la vez, lea Roturas de stock y excedentes en el mismo hospital.

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